01 | Entrevista

José Luis Miguel de Diego: «El campo ya está digitalizado. Ahora toca decidir para quién genera valor»

José Luis Miguel es coordinador de Servicios Técnicos de COAG y está vinculado al ecosistema DATAGRI.

En esta conversación hablamos de adopción tecnológica, gobernanza del dato, inteligencia artificial, cuaderno digital, interoperabilidad y del modelo de agricultura que queremos construir.

En corto:

  • El agricultor no adopta tecnología en solitario: decide dentro de un sistema formado por cooperativas, organizaciones agrarias, asesores, proveedores, industria, investigación y Administración.

  • La información debe pertenecer a quien la genera. Eso exige contratos justos, interoperabilidad y transparencia sobre quién obtiene valor de ella.

  • El dato que toda explotación debería dominar es el coste y el retorno de cada parcela y cada producto.

  • El cuaderno digital solo aporta valor cuando la información se reutiliza y se convierte también en una herramienta de gestión.

  • La mayor barrera para acelerar la digitalización no es técnica: es la seguridad jurídica y la confianza.

La pregunta empieza a estar mal formulada

Durante años, la conversación sobre digitalización agrícola se ha planteado casi siempre de la misma manera: cómo conseguir que más agricultores utilicen tecnología.

Quizá esa pregunta ya no sirve.

El sector agrario utiliza mucha más tecnología de la que a menudo se presupone. La PAC y la renta se tramitan de forma telemática, los tractores incorporan de serie conectividad y sistemas de guiado, y sensores, imágenes de satélite, plataformas de gestión, herramientas de asesoramiento e inteligencia artificial forman ya parte del paisaje.

Para José Luis, el camino de la transformación digital no está por empezar. Ya se ha recorrido una parte importante y avanza a un ritmo cada vez más rápido.

El reto, por tanto, no es simplemente introducir más tecnología.

Es conseguir que esa tecnología genere un valor suficientemente claro para quien está produciendo.

Y eso cambia bastante la conversación.

Digitalizar no es conseguir que el agricultor use otra aplicación

Uno de los errores habituales de la tecnología agrícola ha sido interpretar la adopción como un problema casi exclusivamente de producto:

Construimos una solución, demostramos que funciona y esperamos que el sector la adopte.

Pero una explotación no incorpora tecnología en el vacío.

El agricultor profesional actúa como gestor integrado en un sistema de conocimiento colaborativo en el que participan cooperativas, organizaciones agrarias, asesores, empresas de insumos, fabricantes de maquinaria, proveedores tecnológicos, centros de datos, centros de investigación y la propia Administración.

Las decisiones tecnológicas se toman dentro de esa red, no al margen de ella.

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«El agricultor profesional no decide solo. Forma parte de un sistema de conocimiento en el que participan las cooperativas, las organizaciones agrarias, los proveedores, la industria, la investigación y la Administración.»

Por eso la adopción es mucho más ecosistémica de lo que parece.

Hay campañas, costes, asesores, obligaciones regulatorias, maquinaria que ya existe y formas de trabajar construidas durante años.

Una tecnología puede ser buena y, aun así, llegar en el momento equivocado.

Para José Luis, ese es precisamente uno de los principales fallos de muchas empresas de tecnología agrícola: no calcular bien el momento y las condiciones necesarias para que una solución pueda incorporarse de verdad.

La pregunta relevante es cuánto devuelve la tecnología

A eso se suma una transición de fondo: el paso de vender productos a vender servicios.

Una inversión concreta, como una aplicación variable, puede permitir calcular un ahorro. Lo que resulta más difícil de medir es el cambio en la forma de trabajar que esa tecnología produce.

La pregunta relevante deja entonces de ser:

¿Funciona?

Y pasa a ser:

¿Compensa utilizarla en esta explotación concreta?

La unidad real de adopción puede ser una parcela, una explotación o incluso una tarea específica.

Por eso el retorno tiene que poder entenderse a esa escala.

Cuando le preguntamos por el dato que toda explotación debería conocer, José Luis no habló de sensores ni de satélites.

Habló de costes y retorno.

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«El dato esencial que debería conocer cualquier explotación es cuánto le cuesta y cuánto le devuelve cada parcela y cada producto.»

Este enfoque cambia la forma de evaluar la tecnología.

No basta con saber qué hace una herramienta. Hay que entender qué trabajo elimina, qué decisión mejora, qué coste reduce y quién captura el valor generado.

La información agrícola es un activo estratégico

La digitalización del campo genera cantidades crecientes de información.

Las parcelas, las labores, los rendimientos, las decisiones y la maquinaria producen datos útiles para empresas tecnológicas, Administraciones, investigadores, aseguradoras, industrias y proveedores de servicios.

Para José Luis, esa información debe considerarse un activo estratégico de quien la genera.

Sin embargo, esa conciencia todavía es abstracta.

El agricultor se centra, con lógica, en que la máquina trabaje bien. Pocas veces dimensiona el volumen de información que esa misma máquina envía durante la campaña a los centros de control del fabricante.

Por eso la gobernanza del dato no puede limitarse a decidir formalmente quién es su propietario.

También afecta a:

  • los contratos;

  • la capacidad de mover la información entre plataformas;

  • la interoperabilidad;

  • el acceso a los datos;

  • las condiciones de reutilización;

  • y la forma en que otros actores obtienen valor económico a partir de ellos.

Si digitalizar significa generar más información pero perder control sobre ella, la resistencia resulta comprensible.

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«A los proveedores tecnológicos hay que exigirles honestidad: qué hacen con nuestros datos y quién gana dinero con ellos.»

La confianza puede convertirse en una infraestructura tan importante como la propia tecnología.

Preguntado por la barrera que eliminaría para acelerar la digitalización, José Luis no eligió la conectividad ni el coste.

Eligió la seguridad jurídica y la confianza en la gobernanza de la información.

Competir sí. Concentrar, no

La conversación también abordó el riesgo de concentración.

José Luis defiende equilibrar la competencia comercial entre proveedores con la colaboración y la interoperabilidad.

El objetivo no debería ser que todo el dato agrario termine en una única plataforma centralizada de corte multinacional.

El agricultor necesita poder elegir, cambiar de proveedor y mantener el control sobre la información que genera.

El retorno, además, no tiene por qué ser siempre monetario.

Ceder datos a universidades y centros de investigación para mejorar, por ejemplo, la lucha contra plagas puede ser otra forma de devolver valor al sector, siempre que las reglas sean claras y conocidas.

La cuestión no es impedir que las empresas creen valor con los datos.

La cuestión es que ese valor se genere con transparencia y que el agricultor no quede reducido a ser únicamente el proveedor invisible de la información.

El cuaderno digital debe convertirse en una herramienta de gestión

El cuaderno de explotación explica muy bien la diferencia entre digitalización y valor.

Para José Luis, ha generado expectativas excesivas porque se ha presentado como una herramienta de gestión cuando, en la práctica, muchas veces se percibe como una forma digital de cumplir obligaciones con la Administración.

Desde la perspectiva de la Administración, transformar registros en información estructurada ofrece ventajas evidentes:

  • trazabilidad;

  • capacidad de análisis;

  • control;

  • y simplificación futura de procedimientos.

Desde la perspectiva del agricultor, la experiencia puede ser muy distinta.

Si digitalizar el cuaderno significa sustituir una obligación administrativa por otra obligación administrativa digital, el incentivo es limitado.

El valor aparece cuando la información que ya se genera en el trabajo cotidiano puede reutilizarse:

  • para el propio cuaderno;

  • para el seguimiento técnico;

  • para la trazabilidad;

  • para una certificación;

  • para justificar una actuación;

  • o para calcular costes y resultados.

Registrar una actuación una sola vez y aprovecharla después para varios objetivos es lo que convierte la digitalización en una herramienta de gestión.

La oportunidad de la inteligencia artificial está en quitar trabajo

La inteligencia artificial introduce una nueva capa en esta transformación.

José Luis anticipa un salto enorme en la capacidad de procesar información y lenguaje, tanto en la agricultura como en otros ámbitos.

Pero su mayor oportunidad probablemente no esté en que agricultores y técnicos aprendan a manejar sistemas cada vez más complejos.

Está en lo contrario: reducir la complejidad necesaria para interactuar con toda esa información.

Una explotación genera datos de maquinaria, meteorología, sensores, imágenes, aplicaciones, documentación administrativa y conocimiento humano.

El problema ya es menos obtener información y más procesarla.

La inteligencia artificial permite una interacción mucho más natural:

  • preguntar;

  • describir lo ocurrido;

  • recuperar un dato;

  • consultar una actuación;

  • o registrar información sin saber previamente dónde está cada función dentro de una aplicación.

Pero vuelve a aparecer la misma condición.

La inteligencia artificial tendrá sentido cuando elimine trabajo existente, no cuando añada otra plataforma, otro proceso o más información que alguien tenga que gestionar.

Agricultura con agricultores

Detrás de todo este debate hay una cuestión más profunda:

¿Qué modelo de agricultura queremos construir con la digitalización?

Preguntado por si la tecnología acabará polarizando el sector entre grandes y pequeñas explotaciones, José Luis defiende el modelo europeo y español, basado en microempresas y en lo que resume como «agricultura con agricultores».

Su tesis es que la capacidad de ese modelo para competir frente a los grandes conglomerados industriales depende de la colaboración organizada:

  • cooperativas;

  • organizaciones agrarias;

  • universidades;

  • centros de investigación;

  • empresas;

  • y Administraciones trabajando juntas.

La tecnología puede reforzar esa estructura o erosionarla.

Digitalizar el campo no debería significar diseñar un sistema en el que el agricultor termine convertido únicamente en proveedor de datos para decisiones que se toman fuera de la explotación.

El conocimiento agronómico no reside solo en las bases de datos.

Una parte enorme sigue estando en quien recorre la parcela, conoce su historia y reconoce cambios que ningún sensor captura por completo.

La tecnología tiene que aumentar esa capacidad, no vaciarla.

La próxima fase no consiste en digitalizar más

Durante la primera etapa de la transformación digital agrícola, el objetivo era demostrar que las tecnologías podían funcionar en el campo.

Esa etapa no ha terminado, pero el debate está evolucionando.

Ahora toca preguntarse:

  • cómo encajan las herramientas entre ellas;

  • quién controla la información;

  • qué procesos eliminan realmente;

  • qué valor generan;

  • y cómo se reparte ese valor.

La interoperabilidad importa.

La gobernanza importa.

El retorno económico importa.

Y la confianza importa.

DATAGRI nació como punto de encuentro de los actores que tienen que resolver estas preguntas: productores, empresas, Administraciones, universidades y proveedores tecnológicos.

Según José Luis, los agricultores representan en torno al 15% de los asistentes, un dato que evidencia la necesidad de realizar un mayor esfuerzo pedagógico y de orientar parte de las jornadas a las necesidades prácticas de las explotaciones.

El próximo Foro DATAGRI se celebrará los días 18 y 19 de noviembre de 2026 en Valladolid.

Quizá el debate más interesante ya no sea cuánta tecnología podemos introducir en una explotación.

Sino cómo conseguimos que toda esa tecnología trabaje realmente para quien está en el campo.

Porque la siguiente gran transformación de la agricultura digital probablemente no vendrá de generar todavía más datos.

Vendrá de conseguir que los que ya tenemos sean útiles, interoperables y capaces de devolver valor a quienes los generan.

02 | Del dato de campo a una decisión comercial en 90 segundos

Aflabox lleva el análisis de micotoxinas al punto de recepción

Qué ha ocurrido

La startup italiana Aflabox ha captado 1,35 millones de euros para escalar un dispositivo portátil que combina imagen ultravioleta, luz blanca, espectroscopía de infrarrojo cercano e inteligencia artificial.

El sistema analiza el grano y puede detectar aflatoxinas y otros problemas de calidad en menos de 90 segundos.

Por qué es relevante

La calidad del producto suele comprobarse mediante análisis de laboratorio que pueden ser más lentos, costosos y difíciles de realizar en el momento de la recepción.

Aflabox plantea llevar parte de ese control directamente al punto donde se entrega, almacena o comercializa el grano.

Qué cambia para España

La tecnología puede ser relevante para:

  • cooperativas cerealistas;

  • almacenes y centros de recepción;

  • fabricantes de piensos;

  • operadores de maíz;

  • exportadores;

  • y cadenas agroalimentarias que necesitan demostrar calidad y seguridad.

Además de detectar contaminación, el sistema puede generar información geolocalizada sobre la calidad y el riesgo de cada lote.

Lectura Campo & Datos

El dato agrícola no solo sirve para decidir qué hacer en la parcela.

También puede determinar si una cosecha se acepta, se rechaza, obtiene un mejor precio o entra en una determinada cadena de suministro.

La trazabilidad empieza a tener valor cuando ayuda a tomar decisiones antes de que el producto avance por la cadena.

Estado real

Tecnología en fase de expansión comercial.

La empresa ha conseguido financiación para escalar el dispositivo y ya trabaja en aplicaciones para cooperativas, procesadores y cadenas de suministro. Será necesario comprobar su validación en diferentes cultivos, mercados y condiciones de recepción.

Fuentes

OTRAS NOTICIAS QUE MERECE LA PENA SEGUIR

Una selección rápida de avances, proyectos y conversaciones que están marcando la evolución de la inteligencia artificial y la agricultura digital.

BioScout quiere detectar la enfermedad antes de que aparezca

La empresa australiana BioScout ha captado 6,75 millones de dólares australianos para ampliar una red de sensores capaces de identificar partículas y esporas en el aire mediante imágenes microscópicas e inteligencia artificial.

El sistema pretende detectar más de 40 amenazas antes de que los síntomas sean visibles en la planta y prepara su expansión hacia Europa.

Lectura rápida: pasar de tratar cuando el daño ya es visible a intervenir cuando todavía existe margen de prevención.

AgXeed convierte tractores existentes en vehículos más autónomos

La empresa neerlandesa AgXeed ha desarrollado módulos de control que permiten conectar tractores y aperos existentes con su plataforma de planificación y monitorización TraXwise.

El sistema utiliza tecnología ISOBUS (International Organisation for Standardisation Bus) para automatizar operaciones sin necesidad de comprar un robot agrícola completo.

Lectura rápida: la automatización puede avanzar más rápido adaptando la maquinaria que ya existe que sustituyéndola por completo.

Si estás trabajando en un proyecto relacionado con IA en nuestro sector, ¡nos gustaría conocerlo!

Queremos que Campo & Datos también sea un escaparate para las personas, empresas, universidades y equipos que están convirtiendo la inteligencia artificial en soluciones útiles para el sector agrícola.

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